Con lupa en el Congreso

foto ONPE

El mensaje de las urnas

Publicado: 2020-02-04

Pasada una semana de las elecciones e iniciado el diálogo entre el presidente Vizcarra y los congresistas electos me animo a retomar este espacio de diálogo con los lectores de La Mula, y lo hago para preguntarme por el mensaje que el electorado ha querido dar con su voto. Un voto que la mayoría de comentaristas de la actualidad política no vimos venir.    

Una de las lecturas más recurrentes es que ha sido un voto de castigo a los obstruccionistas y de rechazo al establishment, ambas actitudes expresión de la gran desafección política de la ciudadanía.

Toda elección implica descartar y optar. Un sector importante de la ciudadanía decidió por opciones que no aparecían en las encuestas -como el Frepap y la UPP- o por otras que habían comenzado a ganar presencia como Podemos Perú.

¿Qué tienen en común estas tres opciones a las que nos cuesta tanto encajar en las clásicas y desgastadas categorías de izquierda-derecha? Para evitar esa definición algunos refieren estos tres grupos al universo autoritario, aunque a buena parte de los partidos que quedaron fuera del nuevo Congreso también les acomodaria dicho rótulo. En el caso particular del Frepap el autoritarismo se desprendería de las creencias de los israelitas, enmarcadas en la visión de un estado teocrático, más que en su oferta programática inmediata.

Ya que las categorías usuales no encajan o se quedan cortas, me parece que hay que ubicar el proceso electoral en el contexto de la crisis política producto no solo del obstruccionismo fujimorista, sino sobre todo del desplome de los partidos en particular y de la política en general, como consecuencia del caso LavaJato que no solo ha desnudado la enorme corrupción que existe, sino también la captura del Estado a todos sus niveles por diversos corporaciones y mafias.

Frente a este desplome, la ciudadanía está en busca de un nuevo orden, no necesariamente entendido como la demanda por un estado eficiente sino como un orden basado en aspectos más elementales como seguridad ciudadana (sin importar los costos, “a la Urresti”), el castigo a los corruptos (pasando de “la muerte civil” a la “pena de muerte” que plantea Antauro Humala), o una ética de la austeridad y unas reglas de convivencia mínima (como aquellas que profesan los seguidores de Ezequiel Ataucusi).

La demanda de orden en la sociedad peruana es enorme, y se expresa en la vida cotidiana frente a las múltiples formas de violencia, frente a la escasa calidad de los servicios públicos y frente a la imposibilidad del mercado para autoregularse. Ese clamor ciudadano no quiso ser atendido por las fuerzas “democráticas”, que siguen creyendo -como ocurrió luego de la caída de Alberto Fujimori el año 2000- que basta una parcial reforma institucional para resolver los problemas del país.

El electorado peruano ha dado un mensaje contundente a la clase política. El país anda a la búsqueda de un nuevo orden. La naturaleza del mismo dependerá mucho de la capacidad de dar una respuesta creíble y democrática a dicha demanda. A menos de año y medio para las Elecciones Generales del 2021 no tomar en cuenta esta demanda le puede costar muy caro al país.


Escrito por

El Arriero

Javier Torres Seoane: Antropólogo de profesión y comunicador de oficio.


Publicado en

El arriero

Un blog de Javier Torres Seoane