Con lupa en el Congreso

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La reforma política que el Perú necesita

Publicado: 2020-01-09


Faltando menos de veinte días para las elecciones, la campaña electoral sigue sin despertar el interés de una ciudadanía que pareciera haber llegado a la conclusión que se puede vivir sin Congreso, ya que en buena medida quienes llegan al mismo no cumplen con ninguna de las tres tareas básicas para las que los elegimos: representar, legislar y fiscalizar.

En el caso de la supuesta representación de un determinado territorio, el balance era tan negativo que en el año 2011, siendo presidente del Congreso Daniel Abugattás, se creó “La Semana de la Representación”, que mandaba a los parlamentarios a viajar a sus regiones (y en el caso de Lima entendemos que a recorrer sus distritos) para poder recoger las preocupaciones de la gente. Al final como todos recordamos -con honrosas excepciones, que siempre confirman la regla- sólo sirvió para que algunos “vivos” cobraran los viáticos destinados para tal fin, aunque anduvieran de viaje en el extranjero o no se hubiesen movido de Plaza Bolívar.

En el caso de la producción de leyes, la batuta desde hace varios gobiernos la tiene el Poder Ejecutivo, gracias al uso de la delegación de facultades legislativas, que si bien es cierto luego pueden ser revisadas por el Congreso, en la mayoría de casos no cambian sustantivamente luego de su entrada en vigencia. Ni qué decir de la Ley General del Presupuesto, donde si bien se negocian proyectos y obras -por encima y por debajo de la mesa- se suele aprobar la propuesta enviada por el gobierno de turno. Y bueno siempre hay leyes irrelevantes que un congresista puede conseguir que sus colegas aprueben, creando alguna nueva celebración gastronómica o aquellas hechas para la tribuna que declaran “de interés nacional” algún proyecto de infraestructura o la creación de algún nuevo distrito, pero que no tienen ninguna consecuencia concreta.

Por último, la labor fiscalizadora se ha convertido en una suerte de circo o reality show donde lo que le importa al congresista es hacer desfilar ante las cámaras de televisión a funcionarios, autoridades o ciudadanos para acusarlos de uno, varios o muchos delitos o violaciones a la ley, mientras que el congresista cual Magaly Medina en sus mejores tiempos, lapida verbalmente y maltrata al invitado, que si se pone “chúcaro” y “respondón” es llamado al orden por faltarle el respeto a los padres (y las madres) de la Patria. Es cierto que hay excepciones, y hay comisiones investigadoras que hicieron un gran trabajo en pasados congresos, pero sus Informes o no llegaron al Pleno o fueron mandados al archivo (basta ver la cantidad de revelaciones sobre el caso Lava Jato, que existían en el archivo de la Comisión Pari).

Es por ello que la gente no cree en el Congreso. Menuda tarea tienen los candidatos por convencernos de que votemos por ellos y ellas, pero más dura será la tarea de que la ciudadanía vuelva a creer en la importancia del Parlamento. Pero está claro que el día que los congresistas comiencen a representar, legislar y fiscalizar, comenzará la verdadera reforma política que el Perú necesita


Escrito por

El Arriero

Javier Torres Seoane: Antropólogo de profesión y comunicador de oficio.


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Un blog de Javier Torres Seoane