Están disueltos, pues

Jóvenes senderistas en la Lima de finales de los ochenta

Publicado: 2016-10-03

En días en que los medios se vuelven a poblar con los fantasmas de la violencia, la lectura del reciente libro "La ciudad acorralada: Jóvenes y Sendero Luminoso en Lima de los 80 y 90" (Instituto de Estudios Peruanos, 2016), escrito por  Dynnik Ascensios, antrópologo de la UNMSM, es una tarea obligatoria que ayuda a salir de los habituales estereotipos y superficiales lecturas sobre lo que fue realmente Sendero Luminoso.

El libro de Ascensios, investigador del IEP, recoge 30 entrevistas realizadas a miembros de SL en las diversas cárceles donde purgan condena. En ese sentido, a diferencia de la gran mayoría de los textos escritos sobre el movimiento terrorista liderado por Abimael Guzmán, las conclusiones de esta investigación derivan no de la pura especulación sino de un sólido trabajo de campo.

"Lo que intenté hacer con la investigación es recuperar o explorar las motivaciones que tenían jóvenes de zonas urbanas, para ver qué diferencias había con los jóvenes de la primera etapa", señala Ascensios.

Militantes precarios

Los testimonios nos muestran "jóvenes urbanos, muchos de ellos sin pasado político, muy jóvenes, universitarios, no son los revolucionarios estratégicos, más bien lo que encontramos son jóvenes que entran a la organización para dar solución a cuestiones mucho más individuales y pragmáticas". Justamente esto echa por tierra ciertas hipótesis de "algunos textos donde se planteaba la hiperideologización de los individuos pero cuando tú los entrevistas no se ve eso, ellos mismos reafirman que su situación de guerra, su situación dentro del día a día, no era de tensa calma en la cual tenían los espacios para desarrollar estas escuelas de cuadros, reuniones de estudios, son muy esporádicos".

Esto tuvo impacto muy concreto en el accionar de Sendero ya que "si comparamos con los casos de los más antiguos duraban más tiempo libres, porque estaban forjados muy estrictamente en las medidas de seguridad que ellos tomaban, mientras que en los otros todo se va relajando y como lo planteo en el libro van cayendo, casi todos los días (pero) la pregunta es la capacidad de ir reemplazándolos...porque (SL) no dejó de tener jóvenes en su filas". 

Hijos de la crisis

Con pocas excepciones "la mayoría vivía en lo que Sendero consideraba los cinturones de miseria, 'el cerco de hierro', en condiciones precarias, de pobreza, de falta de oportunidades...y ven a Sendero como un espacio donde ellos podrían encontrar sentido a esta incertidumbre". Lo cual no resulta extraño en el contexto de aquellos años ya que -como recuerda Ascensios- "el último quinquenio de los ochenta e inicios de los noventa es una etapa muy particular, esa juventud está viviendo el día a día, y lo que ve es una crisis en todos los campos, los partidos, las instituciones, la economía, ante todo eso Sendero se proyecta muy bien".

Las cárceles

El estudio muestra el rol clave de las prisiones, para la captación y afirmación del compromiso de estos jóvenes con Sendero, ya que "las cárceles es la única imagen donde ellos ven donde se puede proyectar la imagen de un mundo ideal, un mundo de orden". Además -como señala Ascensios- para Sendero fue fundamental la construcción de la imagen del prisionero de guerra ya que "la lucha no termina al momento de tu detención, y dicen 'sí, voy a llegar a la trinchera y voy a continuar', llegan al lugar mismo donde ellos están seguros que van a encontrar más y mucho mejor que lo que había afuera".

Fue en el abandono y descuido de las prisiones de parte del Estado, lo que Sendero "aprovechó muy bien para poder ejercer esta imagen bastante fuerte que inclusive influye en algunos jóvenes, inclusive para decidirse y allanarse". Pero esto cambio a partir de 1992, tanto así "ellos mismos reconocen que cuando Fujimori da el golpe de Estado y las leyes más drásticas con respecto al régimen penitenciario, las cosas van cambiando y todo se va cayendo".

La tortura

Otro elemento clave en la forja del senderista es la tortura, como bien testimonia José, un joven de 16 años que al ser detenido "lo único que va a encontrar es otra persona que se le acerca y le va a decir 'arriba es tortura, es dolor, y aquí se van a enfrentar dos ideologías, la tuya que es la de guardar silencio, y la de ellos que es la represión, veamos quién va a ganar', lo motivan y cumple con el objetivo..pero es parte del rito, aguantar la goma, seguir, mantenerse, guardar la regla de oro y posteriormente ir a prisión".

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La ciudad acorralada es un excelente trabajo, que sin embargo no cierra el tema, sino que abre nuevas preguntas, ya que como el mismo Ascensios señala "hay cosas que siguen sin entenderse a profundidad, si no es la hiperideologización de los miembros, ¿el fanatismo de los miembros de Sendero Luminoso por dónde viene?"


Escrito por

El Arriero

Javier Torres Seoane: Antropólogo de profesión y comunicador de oficio.


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Un blog de Javier Torres Seoane